El rey de la lancha automóvil

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Con 92 años, Juan José Raponi sigue dirigiendo su taller naval. Comenzó a trabajar con pantalones cortos en el astillero Parodi. Pasó por Astarsa y Galeana. Su primer taller lo tuvo en la calle Esmeralda, en Tigre, junto con su hermano. Se especializó en lanchas automóvil. Tiene 200 campeonatos ganados.

 

Nacido en 1926, en Tigre, la cuna de la carpintería naval, Juan José Raponi es uno de los más grandes carpinteros navales que todavía llega a su taller a las 8 de la mañana. “Yo soy adicto al trabajo”, confesó este amable hombre que se tomó un ratito para contarnos algo de su interesante vida.

Proveniente de una familia italiana, su padre, que participó en la 1° guerra mundial, sufrió sus consecuencias: cuando Juan José tenía 8 años, ya no pudo trabajar debido a una grave enfermedad. Su mamá, “una italiana de fierro”, se puso el hogar al hombro. Aún con pantalones cortos, Juan José empezó a trabajar.

“Mi primer trabajo fue en Parodi, iba a limpiar, sacaba viruta, hacía los mandados, cuidaba el fuego cuando se envaretaba”.

Parodi fue un astillero prestigioso que se destacó por construir lanchas colectivo; allí, entre aserrín, golpeteos y sudores, el niño Raponi empezó a deslizar sus sueños sobre la cubierta de una lancha.

Por semana ganaba 50 centavos, que entregaba religiosamente a su madre. Buscando, entonces, mejor sueldo, pasó a Astarsa, donde tuvo la suerte “de caer con el modelista que hizo los modelos del barco General Mosconi, que se hizo ahí”.

Todo se fue conjugando, “sin buscarlo, se fue produciendo”, para que Juan José se dedicara de lleno a la pasión de su vida: construir lanchas. El diseño que más le gustó fue la lancha automóvil, que vio por primer vez en otro astillero, Galeana. “Cuando la vi, dijo ‘esto es lo mío, lo que me gusta, esto voy a seguir a muerte’”. Lo cumplió.

Su hermano, Pedro Federico, también se dedicó a este rubro; un día le propuso a Juan José hacer una lancha y éste, muy sorprendido le preguntó “¿dónde?”. Su hermano le respondió sin vueltas: “En casa, de noche, ¿te animás?”. “Hicimos dos”.

Por supuesto, no tenían nada; todo fue inventiva, ingenio y ganas. “Trabajábamos de noche, con el sobretodo puesto por el frío. Hicimos un techo de cartón!”. Vendieron las lanchas y con ese dinero se hicieron la casa y el galpón.

Regnícoli – dueño de otro famoso astillero – vio las lanchas que hacían estos dos jóvenes que, se suponía, estaban aprendiendo. “Enseguida nos propuso trabajar para él. Le hicimos muchas lanchas, una tras otra. Ahí pasamos a ser conocidos, íbamos aprendiendo cada vez más. Llegó un momento en que estábamos distanciados de los competidores, en calidad. Eso nos dio nombre”.

El trabajo junto a su hermano fue placentero y muy fructífero; Pedro Federico, además, tenía sus ratos de esparcimiento: jugaba al ajedrez y al fútbol en el club Tigre Juniors.

La camaradería entre los hermanos fue tempranamente truncada: “Tuve la mala suerte de que mi hermano se enfermó y falleció”.

Juan José continuó haciendo lanchas; tuvo otros socios, se fundió varias veces. “Carpintero sí, pero comerciante no”.

Su especialidad son las lanchas automóvil, que le dieron muchos motivos para estar orgulloso. “Tengo como 2000 primeros puestos, 200 campeonatos ganados”. (continuará)

Por Mónica Carinchi

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