Hacer vino, una pasión

Volver a las tierras de Maipú, provincia de Mendoza. Junto a su familia, Sebastián Mayo, un vecino de Rincón, fue descubriendo la calidad de la uva producida en Maipú, provincia de Mendoza. Además de gestionar una finca de 200 hectáreas, desarrollaron la bodega boutique Abito Wines. Producen vinos jóvenes, delicados y sabrosos, y vinos de muchos meses en barrica de sabores contundentes. Para mayor información www.abitowines.com

        El ritual más antiguo y significativo de la bebida es el brindis. La amistad y el bienestar recíproco se convocan al brindar.

        Desde muy antiguo, culturas de Asia y Europa han brindado con vino. Actualmente, en todo occidente, para cada celebración, se entrechocan copas y, al sabor, aroma y color, se le agrega el tintineo del cristal.

        De esta manera, el ritual de compartir un buen vino apela a todos los sentidos. Así lo sabe Sebastián Mayo, uno de los dueños de Abito Wines, una bodega boutique que asumió el desafío de elaborar vinos de alta gama.

        “Empezamos vendiendo uva en 2013, pero como no nos pagaban lo que nosotros considerábamos que valía nuestra uva, entonces decidimos vinificar sin etiquetar, para mostrar el producto que se obtiene con nuestra uva”, expresó Sebastián que ahora está orgulloso de su marca y apasionado con el arte de hacer vino.

Arena y soledad al pie del cerro

        Ya en el siglo 19, en la región de Maipú, provincia de Mendoza, se comenzó a producir vino; Felipe Ruttini se estableció allí a fines de esa centuria. Posteriormente llegaron Juan Giol y Bautista Gargantini.

        “Últimamente se puso de moda el Valle de Uco, que es una zona de menos altura y más cerca de la vertiente de agua”. Aun así, la familia de Sebastián compró 200 hectáreas en Maipú, “una finca desolada, sin nada”, la describió el joven. La finca Bautem nació en 2009. Entre piedras fueron despuntando los viñedos: malbec, cabernet franc, petit verdot, syrah, moscatel.

        Con un equipo de experimentados profesionales, obtuvieron uvas de primera calidad; luego un vino, sin etiquetar, que salió “muy bueno” y, entonces, decidieron ponerle marca: Abito.

        La bodega trabaja con el concepto single vineyard: “Toda la uva de nuestros vinos proviene de nuestra finca y esto permite un control sobre todo el proceso”, explicó Sebastián.

        Los vinos más costosos son los que se producen con uvas cosechadas a mano. “Esto evita que, al caer en el suelo, se rompa la piel donde están todos los nutrientes. Nuestros vinos se hacen con uvas cosechadas a mano”.

        Abito es una bodega boutique, por lo tanto produce vinos de mucha calidad, “con precios muy competitivos”. Por ejemplo, Abito Joven “tiene sensaciones muy interesantes en boca para un vino joven, porque durante la fermentación, se le agregan unos bloques de madera de roble que le dan tintes de madera sin tenerlo en guarda. Así se obtiene un contraste entre lo frutal y la presencia de madera”. Es un vino suave, delicado, que invita a las fantasías.

        Para los paladares que gustan de los vinos profundos, Abito Blend es perfecto: “Tiene 24 meses de barrica. En 2015, ganó un premio por calidad en Frankfurt”.

        Ahora, cuando ya los días están más cálidos y las noches se prestan para compartir con amigos, el moscatel o el malbec rosado son ideales para saborear antes de la cena. “Tener un amigo al costado/ para hacer un silencio de amigos”.

        Los actuales proyectos son: exportar y vender a consumidor final a través de la página web. “Sabemos que generando vínculos, se puede entender mejor un proyecto”, en este caso, posicionar una bodega joven, de alta calidad y precios competitivos.

        “Si el vino viene, viene la vida”, dice el cantor popular.

Por Mónica Carinchi

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