Coro De Sembrar

Un espacio para que niños y niñas experimenten la potencia de la construcción colectiva. Su coordinadora general es Mariana Rewerski que aseguró: “Cantar con placer escuchando a otros es una apertura única que se transparenta en un montón de cualidades”. Conformado por chicos de 6 a 11 años. Ensayan en la Biblioteca Sarmiento (Av. Libertador 440, Tigre centro). Inscripciones en desembrarsetrata@gmail.com

        Formar parte de un coro exige escuchar a los que están al lado, no adelantarse ni retrasarse, construir junto con los otros. Y, como dice Mariana Rewerski, esto no sólo es fundamental para la conformación del coro, sino también para la vida en sociedad.

        Mariana es la coordinadora de la red de coros de niños y niñas De Sembrar, Cantorcitos sin Fronteras. Convencida de que la vida en sociedad es una característica antropológica básica, explicó: “Actualmente está de moda darle un micrófono al niño para que cante canciones de Disney con un fondo de banda musical. Nosotros hacemos todo lo contrario, porque creemos que uno se construye junto al otro. De hecho, la primera palabra que decimos es `mamá´, la decimos junto con ella y porque ella nos la dijo miles de veces antes”.

        Para ejemplificar la potencia de la construcción colectiva, Mariana contó una experiencia: “Durante un ensayo, le pedí a cada niño que cantara una partecita, porque nos interesa que cada uno esté seguro de lo que canta y lo pueda mostrar sin vergüenza. Entonces una niña de 7 años cantó y lo hizo muy bien, pero me dijo que le salía mejor cuando cantaban todos juntos porque `es como los científicos´, dijo, `uno descubre una cosa y en otro país otro descubre otra y cuando se comunican ese descubrimiento, se vuelve mucho más importante´. Esa niña de 7 años entendió que algo es mucho más importante cuando se comparte”.

        El coro, conformado por niños y niñas de 6 a 11 años ya tiene sede en la biblioteca Sarmiento (Av. Libertador 440, Tigre centro).

Cantar con placer

        El coro De Sembrar no hace selección de voces porque “todos podemos cantar”. Todos los inscriptos comienzan la actividad y luego verán si realmente les gusta, ya que, a veces, les gusta más a sus madres que a los niños.

        “Los niños que aman cantar, se quedan en el coro. Los que tienen alguna dificultad para cantar con otros, van adquiriendo esta capacidad porque nosotros los ayudamos. Y a los que prefieren pintar o jugar al fútbol, los dejamos ir”, dijo Mariana.

        También es posible que los más pequeños no estén preparados para cantar grupalmente, aunque sí puedan hacerlo al año siguiente.

        Obviamente, para incorporar la grupalidad es necesario asistir con regularidad. “Este es un proyecto de construcción colectiva, por lo tanto tiene necesidad de la presencia de los niños y para esto deben tener la disponibilidad de dos ensayos semanales”. Adquirir la rutina del estudio es necesario para formar parte del coro y para todas las actividades educativas que se desarrollan durante la niñez.

        De Sembrar no es un conservatorio, en consecuencia “los niños no están sentados con el pentagrama para ver dónde se escriben las notas”. Jugando con los sonidos, llegan a conocer la escala, la cantan y luego pueden aprender cómo se escriben. “Partimos de la experiencia del sonido, no del lápiz y el papel”.

Yo no grito

        La participación en el coro incrementa algunas cualidades, entre ellas la expansión de la atención auditiva. “Se escucha no sólo la propia voz, sino también la voz de los otros”.

        Un dato importantísimo es aprender a valorar la belleza de lo sonoro. “Vivimos en un mundo acústico completamente polucionado”, observó Mariana. Efectivamente, soportamos ruidos, gritos, publicidades, bocinazos, etc., etc. “Darse el tiempo para apreciar lo bello sonoro es un valor muy importante”.

        Escuchar atentamente genera nuevas conexiones neuronales y, en definitiva, expansión del ser. “Somos seres acústicos, porque no podemos tapar nuestros oídos, entonces aprender a escuchar genera personas más interesadas en lo que sucede alrededor”.

        Los gritos constantes provocan perturbaciones en las cuerdas vocales y, aunque no se crea, también afecta a los niños. “Llegan al coro niños con la voz dañada, que no pueden cantar en el registro habitual de un niño. Los padres dicen que tiene la voz así, ronca, no lo advierten como un problema de salud vocal. Nosotros lo aceptamos siempre que la familia tome el compromiso de hacer algo. Estamos muy atentas a esa cuestión”.

        En las casas se habla por encima de la TV; en los recreos se grita; se habla de manera constante. Las cuerdas vocales necesitan descanso y los oídos, también.

Cantos de aquí y de allá

        En este coro, los niños aprenden a valorar el acervo musical argentino y latinoamericano. “Tenemos una variedad infinita de ritmos y posibilidades melódicas que nos sirven para que los niños descubran el canto desde muy chiquitos”, señaló Mariana quien reconoce que, degustando lo propio, se puede llegar muy lejos.

        En un mundo donde la migración es una constante, a Cantorcitos sin Fronteras llegan niños y niñas de todas las provincias y países. “Vivimos en un mundo abierto, por eso a nuestros coros se integran todos los niños, en muchos casos de pueblos originarios, de ahí que me interesa que también conozcan esas músicas”.

        Mariana es una coreuta de nivel internacional que canta en Europa y también sabe que integrantes de pueblos originarios viven en las periferias de las ciudades, en muchos casos, en situaciones muy precarias; sus coros son ejemplos de espacios de integración a través del arte.

        El mundo necesita que cada rincón florezca en coros infantiles para que sus tiernas voces convoquen a la comprensión y solidaridad. Entonces, niñas y niños están invitados a participar del coro De Sembrar.

Por Mónica Carinchi

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