Entre escarbadientes y palitos de helado

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Desde los Alpes italianos al Canal de San Fernando. Como muchos otros italianos, Roberto Gasperotti abrió en San Fernando un aserradero donde hacía cajones. Con el tiempo, se inició en la fabricación de escarbadientes, palitos de helado, cucharitas. Luego siguieron los hijos con esta tradición y actualmente su nieto Jorge continúa con la marca Delta.

        Que un escarbadiente pueda ser el inicio de una empresa exitosa, no está en los cálculos de nadie. Pero así fue con la familia Gasperotti. Llegado desde los Alpes italianos, don Roberto Gasperotti se instaló en San Fernando, donde montó un aserradero; le fue muy bien, pero un día se encontró con la palabra quebrada y prefirió retirarse. Mientras tanto, su hijo Luis había ido a la escuela técnica, había instalado su propia tornería y, un día, le mostró un escarbadiente a su padre y le propuso hacerlos. Don Roberto le respondió que no sabía y su hijo, para entusiasmarlo, le dijo que él haría las máquinas. Ya no podía resistirse; se instalaron en Callao y Necochea. La fábrica se llamó Alpino.

        A los escarbadientes les siguieron los palitos planos que se ponían en la pizza; luego baja lenguas, palitos y cucharitas de helado. Quién no recuerda las cucharitas de madera, símbolo de un mundo más sencillo.

        “En el 78, tenían unas 70 personas trabajando en la fábrica, más los que trabajaban afuera”, contó Jorge, nieto de don Roberto.

        En la década del 80, “los palitos de helado explotaron”. Empezaron a retrasarse con los pedidos, algo había que hacer. “El Nono viajó a Europa y compró una máquina que permitió que la empresa diera un vuelco importantísimo”.

        El crecimiento fue tal, que se asociaron con la firma D’Amico y Arena, para hacer la primera exportación de palitos de helado.

        El Nono, como corresponde, se jubiló. La empresa, ya al mando de los dos hermanos, podía pegar un nuevo salto, siempre que se comprara una nueva máquina. Uno de los hermanos prefirió quedarse con los altos intereses que ya se empezaban a pagar. Luis Gasperotti, en cambio, siguió con la empresa, asociado a su hijo Jorge. “Empezamos con una fábrica sólo de palitos de helado”. La empresa Luis Gasperotti e hijos se inició en San Fernando, en Sobremonte al 500.

        Con el tiempo, necesitaron ampliarse, por lo cual compraron la fábrica donde están actualmente. “El lugar, tan cerca del Canal, nos venía bien porque todavía funcionaba como puerto para la madera. Por ese entonces, en esta zona, si se perdía una habilitación, ya no se recuperaba, por eso compramos la sociedad y mantenemos el nombre que es Aserradero Norte, pero la marca de nuestros productos es Delta”, especificó Jorge.

        La explosión de palitos de helado fue real: actualmente hacen entre 40 y 50 millones de palitos por mes. “Cuando en el 80 se trajo la primera máquina, no se llegaba a los 11 millones por mes”, recordó Jorge.

        Por supuesto, la forma de producir cambió muchísimo: “Antes se usaban sacabocados hechos por un herrero, hoy se utilizan hilos de acero importado”. Cada producto tiene un espesor distinto, se trabaja con precisión de milímetros.

        La madera utilizada es el álamo, porque su savia no tiene gusto, por lo tanto no deja ningún residuo que altere el sabor del helado.

        En esta fábrica no existe desperdicio, el aserrín lo utilizan para la propia caldera y lo que no consumen, se lleva a una empresa de aglomerado; los núcleos del tronco de un metro de altura los venden a aserraderos más chicos que hacen rinconeras de cajones de pollo.

        “En los 90, antes de sentarme, el cliente me decía ‘con qué precios venís?’, porque las cosas chinas venían por dos mangos”, recordó Jorge, pero los Gasperotti supieron surfear sobre distintas circunstancias, por eso son parte de la historia de Tigre y San Fernando.

Por Mónica Carinchi

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