Plantas, miradores y una cascada para deleite de los compradores

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Galería Buenos Aires Delta. Para prolongar el paseo por el Puerto, una pintoresca galería ofrece 50 locales y una confitería con salida al río. Está abierta de miércoles a domingo y, por supuesto, los feriados también.

 

Entrar caminando al Puerto de Frutos por Sarmiento es un clásico, ya que es la calle que conduce directamente a las dársenas que dan sobre el Luján. Y cuando uno está parado en Buenos Aires y Sarmiento, está justo en el centro del gran paisaje tigrense: el agua y la vegetación isleña, que tienta desde la otra orilla.

Agua y verde es lo que se destaca en la galería Buenos Aires Delta, a la que se llega girando a la izquierda sobre Buenos Aires y caminando unos pocos metros hasta la esquina Parodi, donde estaba el famoso astillero.

Este paseo de compras permite “continuar el contacto con la naturaleza”, comentó Alejandra Monzón, administradora del lugar. Efectivamente, un jardín siempre verde – atravesado por un canal que en un extremo tiene una cascada y en el otro un estanque – acompaña al visitante durante todo su recorrido. Todos los locales dan hacia el jardín y en el segundo nivel, el corredor abalconado también permite disfrutar de las plantas.

Para ir de un nivel a otro existen rampas, pues el lugar fue pensado “para que todos puedan transitar, aún aquellos con movilidad reducida, por eso también tenemos baños para personas con capacidades diferentes. La gente puede entrar con cochecitos de bebé y con sus mascotas. Nosotros tenemos nuestro gato anfitrión”, contó Alejandra.

La galería está pensada para sorprender al paseante, que se encuentra con varios miradores: uno hacia el Parque de la Costa, “donde la gente se queda mirando la montaña rusa”; otro hacia el Puerto, dejando ver todo su movimiento.

Como el fondo da sobre el canal Patiño, aquellos que quieran deleitarse con un café y el solcito del invierno, encuentran ahí el lugar ideal. La terraza de la confitería, ambientada con palmeras y cañas, tiene como marco el movimiento acompasado del agua. Allí, la galería tiene su propio muelle, por lo cual, quien esté paseando en lancha por el Luján, puede ingresar al canal Patiño y bajar en Buenos Aires Delta para comer la especialidad de Gilligan’s: chivito uruguayo, y luego hacer compras, sin necesidad de salir al tumulto del Puerto.

50 locales con frentes multicolores ofrecen una oferta amplísima, desde muebles hasta un pet shop. “Privilegiamos las artesanías y los emprendimientos personalizados porque a la gente le gusta conversar directamente con los productores”.

Para el verano prometen una ampliación del paseo: “Vamos a hacer un parador en Canal del Este, saliendo directamente de nuestro muelle”.

Además del murmullo de la cascada, de las enredaderas que avanzan sobre los corredores, quien quiera tener una oficina con vista al río, al puerto, con luz natural todo el día y con la privacidad que da una torre, lo que tiene que hacer es llamar a Alejandra, porque Buenos Aires Delta tiene ese lugar.

Desde hace 5 años, Magalí Keegan (25) se dedica a investigar sobre el vínculo entre la mamá y el bebé y a partir de esto desarrolla productos para esa etapa tan especial de la vida. Accesorios para amamantar, acolchados, almohadones, alfombras, ropita, surgen de la mano de la joven, “nosotras hacemos el diseño, cortamos, cosemos”, dijo Magalí, que trabaja junto con su madre.

Si bien comenzó con la línea de alfombras didácticas – tienen colores, texturas y sonidos para estimular a los niños-, cuando abrió su local – Makee – en Buenos Aires Delta, empezó a diseñar muchos otros productos, siempre con un cuidado especial: “Trabajamos con materiales que no sean tóxicos. Usamos como relleno bellón siliconado, que además de no ser tóxico tampoco se apelmaza, porque ahora se usan las microesferas que son muy agradables para tocar, pero, si el producto se llega a abrir, el bebé lo aspira y se ahoga enseguida. Además, las microesferas, al apoyar, por ejemplo la cabeza, se aplastan, entonces tampoco sirven para contener”, explicó Magalí.

Uno de los productos más requeridos son los almohadones de embarazo, que “usan las mamás cuando ya tienen bastante panza; después sirven para la lactancia porque se coloca en la cintura para sostener al bebé y darle el pecho, así se previenen malas posturas, contracturas, porque el peso del bebé – que además está más cómodo – recae sobre el almohadón”.

Uno de los últimos diseños es “un catre con base, para que el bebé no quede en el aire porque nos parece un poco peligroso. El forro tiene cierre en lugar de broches. Nuestro catre parece más una cuna y al ser más firme por la base, dura un poco más. Tiene una altura cómoda, para que la mamá no esté encorvada”.

Madrinas, tíos, padrinos, ya saben, los regalos para el bebé están en el local 6 de la galería Buenos Aires Delta.

 

Si anda buscando almohadones, mantas, cortinas y todo aquello del mundo de la decoración que se haga con tela, Adriana Vegnaduzzo levanta la mano en primera fila. Su local Al&Ma – uno de los más antiguos de la galería – cuenta con los diseños más modernos porque “permanentemente estoy renovando”, comenta su dueña.

Las telas propias del invierno sorprenden con sus texturas y colores, entre ellos “el violeta que pensábamos que iba a ser sólo de una temporada, pero es un color que llegó para quedarse”.

Adriana dice con orgullo: “Todo lo que está acá, lo hago yo” y cuenta que – como en el caso de muchas amas de casa – la costura era parte de su capital cultural y “cuando surgió la posibilidad de tener este local, me pregunté qué sabía hacer, la respuesta fue ‘coser’ y empecé”. Confesó que no le da vergüenza preguntar, que mucha gente la ha ayudado y de esa manera fue agregando “de a poquito, más artículos”.

Si bien tiene expuesta mercadería de medida estándar, realiza también trabajos a pedido, por eso siempre tiene a mano un centímetro.

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